El vidrio es un silicato que se funde a 1.200 grados. Sus características lo convierte en un residuo 100% reciclable, es decir, que a partir de un envase utilizado, puede fabricarse uno nuevo con las mismas características del primero. Según su aplicación se clasifica en vidrio industrial y vidrio doméstico.
En nuestro país, los inicios del reciclaje vienen de la mano del vidrio doméstico, en febrero de 1982 y concretamente en Barcelona. Desde entonces ha crecido progresivamente gracias a la sensibilización ciudadana, las políticas sectoriales y el apoyo de las administraciones.
A nivel normativo, se considera el vidrio como un residuo banal y por ello forma parte del listado que incorpora el Real Decreto 833/1988, por el que se aprueba el Reglamento para la ejecución de la Ley 20/86 básica de residuos tóxicos y peligrosos.
El vidrio es un objeto frágil pero muy resistente. En la intemperie tarda unos 4000 años en degradarse.